La necesidad del amor y la despedida según Marina Abramovic

En 2010, la artista serbia Marina Abramović realizó una de las obras de arte más icónicas del siglo XXI. En su retrospectiva en el MoMa, llevó a cabo un performance de más de 700 horas, durante las cuales se sentó casi sin moverse en una silla. Frente a ella había una mesa y otra silla que era ocupada por el público de forma indeterminada. Entre los miles de espectadores llegó su ex amante, el hombre con el que compartió su carrera artística por años y de quien se había despedido para siempre en 1988.

Abramović, quien se había enfrentado los ojos de muchos espectadores, llevándolos a las lágrimas, ahora se encontraba como una niña indefensa. En el silencio se podían escuchar sus lágrimas caer, y aunque el encuentro fue breve, el momento pareció eterno. El final fue poético, ideal para una historia de amor digna de novelas y películas. Lamentablemente ,esa no es toda la verdad acerca de la relación entre estos dos personajes.

marina-ulay-2010

Marina Abramović y Frank Uwe Laysiepen, mejor conocido como Ulay, vivieron una apasionada relación durante 12 años, entre 1976 y 1988. La artista ya era conocida por sus performance en los que ponía en peligro su vida haciendo del espectador un cómplice e incluso un participante en su dolor. Pronto se convirtieron en amantes y colaboraron en algunos de los performance más famosos de la pareja.

En Relation in Space corrieron uno hacia el otro desnudos, enfrentándose sin ayudarse. Energía masculina y femenina que creaba un tercer ser. La resistencia del cuerpo siempre fue parte de su obra y aquí se refleja en la forma en que ambos sufrían, pero Ulay al ser más grande era quien hacía que Marina cayera al piso.

En Breathing in/ Breathing out juntaron sus bocas para pasarse por medio de inhalación y exhalación todo el aire que pudieran. Después de 17 minutos ambos se desmayaron demostrando el poder creador y destructor que puede tener otra persona en nosotros.

En AAA AAA se gritaron frente a frente, cada vez más y más fuerte durante 15 minutos. La pareja exorcizaba sus demonios, mejoraba y empeoraba su relación y volvía a renacer. Muchos dirían que estas acciones los unían más, y en parte es cierto, pero la vida real no es una película y el desgaste emocional no se curaba tan fácil.

Durante ocho años buscaron el permiso del gobierno chino para hacer una pieza en la muralla china. Cuando finalmente lo consiguieron en 1988, su relación estaba tan desgastada y había tanto que no podía arreglarse, que decidieron hacer ese performance como una forma de decir adiós. Cada uno llegó a un extremo de la muralla y comenzó a caminar. Una línea imposible de perder, un camino que los reencontraría solamente para una despedida. Fueron 2500 kilómetros los que cada uno caminó. 2500 kilómetros que sirvieron para aclarar ideas, para prepararse, para enfrentar la futura soledad. Cuando se encontraron, el amor y el dolor también lo hicieron en una vía sin escape; un final digno y un cierre necesario.

La pareja no se vio durante 11 años en los que los abogados de Marina pidieron a Ulay permiso para usar el registro de sus obras, a lo que él accedió por un 20% de los ingresos generados. Entonces la artística historia de amor tomó tintes legales que lamentablemente arruinaron el aura de esplendor que los artistas habían logrado generar. Ulay reclama que la artista no ha pagado más que 31 mil libras y que tampoco se le ha dado el reconocimiento que merece.

Es por eso que la reunión que tuvieron en 2010, ese video viral en el que se encuentran y las miradas y silencios dicen todo, no es tan impresionante como parece. Ulay no quiere las lágrimas de Marina, quiere lo que realmente le pertenece y lamenta la fama que la artista ha ganado y las relaciones con  Jay-Z y Lady Gaga, pues la han convertido en alguien que no era.

Los artistas aprendieron del amor, de las relaciones y del arte. Dieron importantes lecciones en cada uno de sus performance de los que cualquier ser humano puede aprender. El primer beso y la despedida son importantes, hay que saber cuándo dejar la relación; y si algo tan catártico como caminar la mitad de la Muralla China se necesita para lograrlo, es bueno hacerlo. Lamentablemente, la historia que transcurre después de la despedida es la realidad que explora la imposibilidad de despedirse sanamente del verdadero amor.

 

 

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